
DÍA 15
Cristo, las primicias eternas

VERSÍCULO BASE
1 Corintios 15:20, RVR1960
«Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho»
Introducción
Pablo nos recuerda cómo antes estábamos condenados a muerte por causa del pecado y separados de Dios Padre; pero aclara que ahora ya no es lo mismo, y hay fruto de la certeza de la esperanza que es Cristo. Jesús es el primer fruto santo de resurrección y vida, quien mediante su sacrificio otorgó perdón de pecados.
Adán, el primer hombre, trajo la muerte; Jesús, el postrer hombre, trae la resurrección de los muertos. «Si en Adán todos moríamos, en Cristo todos seremos vivificados». Él es la primicia de una cosecha prevista y segura para la resurrección y la salvación.
«Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25).
REFLEXIONA EN ESTO
Dios nos muestra mediante este pasaje que nuestra vida en Cristo es una nueva vida, una nueva oportunidad. Ya no es lo mismo ni podemos ser los mismos, porque hemos pasado de muerte a vida. Nuestros hábitos, nuestra forma de pensar, actuar, decidir, hablar y proyectarnos ante el mundo deben reflejar el carácter de Cristo. Dios testificó en Cristo lo que ya no seremos más y lo que en Él llegaremos a ser.

1
En Cristo, ya no somos los mismos
Al aceptar al Señor Jesús como Señor y Salvador, y al experimentar un arrepentimiento verdadero, comienza un cambio inevitable en nuestro interior. Le pertenecemos al Señor y somos hechos hijos de Dios.
2
Vivir a la manera de Cristo
Debemos llevar una vida que muestre su carácter, pareciéndonos cada vez más a Jesús de manera genuina. No debemos retroceder a la vida pasada; todo lo que nos apartaba de Dios y de parecernos a Jesús ya no debe formar parte de nosotros.
3
La guía del Espíritu Santo
Solo podremos alcanzar la verdadera transformación con la obra del Espíritu Santo en nosotros y eso requiere comunión diaria con Dios.
Conclusión
Debemos vivir seguros de que ya no somos los mismos que fuimos en el pecado y que nuestra vida diaria refleja esa nueva vida, esa nueva identidad y ese carácter de Cristo al mundo.
Es momento de dejar atrás todo lo que no encaja con el propósito y la voluntad de Dios, y de parecernos cada día más a Jesús de manera genuina.
Debemos enfocarnos en la esperanza que nos ha dado fruto de certeza de que en Cristo resucitaremos y seremos salvos para vida eterna.

ORACIÓN
Padre Celestial, oro por la identidad de hijos de Dios y por fe en mi corazón. Gracias porque tu Hijo Jesús fue enviado por ti para mostrarme cómo debo ser, y porque murió y resucitó al tercer día para salvarme.
Ayúdame a no retroceder y a seguir firme en tu camino eterno.
Gracias, amado Señor, por tu sacrificio y por darte como primicia santa para que yo sea salvo. En el nombre de Jesús,
Amén.
