
DÍA 13
Dar con alegría

VERSÍCULO BASE
2 Corintios 9:7, NTV
«Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, porque Dios ama a la persona que da con alegría»
Introducción
El apóstol Pablo, en su segunda carta a los corintios, en los capítulos 8 y 9, anima a la comunidad a ser generosos para ayudar a los necesitados en Jerusalén, usando de ejemplo a las iglesias de Macedonia, quienes, a pesar de ser pobres y que atravesaban muchas aflicciones, su generosidad fue desbordante, dando no solo lo que podían, sino más aún.
Algo que Pablo destaca de estas iglesias es que rebosaban de alegría. Además, señala que se entregaron primero a Dios como ofrenda; por ello, no les costaba dar voluntariamente para ayudar a los más necesitados.
Esto me lleva a reflexionar: ¿se puede estar alegre pasando dificultades y aflicciones? ¿Se puede dar a otros aun cuando es muy poco lo que tengo? Pues Dios, a través de esta carta, nos enseña que ¡sí se puede!
REFLEXIONA EN ESTO
Cuando nos sumergimos en estos dos capítulos, podemos ver dos puntos:

1
Darse primero a Dios
Esto nos habla de rendición, renuncia, dependencia y pertenencia sin restricciones ni condiciones: nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, todo cuanto somos y tenemos postrado a los pies de Cristo.
Cuando esto ocurre en nuestras vidas, experimentamos un avivamiento, donde el Espíritu Santo viene y hace morada en nosotros, provocando un fruto visible: el gozo o alegría.
2
Experimentar el verdadero gozo
La alegría de la que habla el mundo es un estado emocional pasajero: «Me alegro porque me suceden cosas buenas, porque recibí lo que quería o porque me han sorprendido con algo inesperado».
Pero estas situaciones cambian, y la alegría que sentía puede esfumarse en cuestión de segundos, como el viento que se lleva una hoja.
En cambio, la alegría o gozo que proviene de Dios se comprende como un contentamiento profundo: gratitud, satisfacción, plenitud, confianza y fe que no dependen de las circunstancias, de lo que tengo o no tengo, sino de la esperanza de saber que Dios cuida de nosotros y que todo lo que hacemos por el bien de nuestro prójimo no quedará sin recompensa.
Por eso, experimentamos un gozo permanente, no limitado a una sonrisa o carcajada, no condicionado a que nos sucedan cosas buenas, ni a esperar recibir algo; sino que nos gozamos simplemente por ser quienes dan primero.
Conclusión
Dar con alegría no se refiere a una condición de nuestro estado financiero, sino a la condición del corazón. Como dice la Palabra: «Dios ama al dador alegre».
Meditemos entonces: cuando presentamos nuestras ofrendas a Dios, ¿nuestro corazón manifiesta gozo?

ORACIÓN
Señor, anhelo ser una ofrenda grata a tus pies; poder entregarme sin reservas y ser uno contigo a través de tu Espíritu Santo.
Deseo experimentar el verdadero gozo que me lleva a dar sin temor. En el nombre de Jesús
Amén.
