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DÍA 17

Tiempo: La primera ofrenda

Image by Rainier Ridao

VERSÍCULO BASE

Salmos 5:3, NTV

«Señor, escucha mi voz por la mañana; cada mañana llevo a ti mis peticiones y quedo a la espera»

Introducción

Los Salmos 3 al 5 fueron escritos durante la ausencia del rey David de Jerusalén mientras estaba huyendo de su hijo Absalón. 

Absalón encantó, engañó y cambió los corazones de los hombres de Israel, y finalmente encabezó una revuelta que obligó a su padre, el rey David, a correr para salvar su vida al desierto de Gat.

 

Puedes leer sobre esta historia en 2 Samuel 14-19.

REFLEXIONA EN ESTO

Si David, siendo rey de Israel y con toda la influencia que tenía, decidió acudir a Aquel que sabía podía traer justicia a su caso y, al mismo tiempo, darle paz a su alma en medio de la traición de su hijo, ¡cuánto más necesitamos tú y yo acudir cada mañana en oración a nuestro buen Dios! Por eso quiero dejarte estos tres puntos para reflexionar.

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1

Señor, escucha mi voz por la mañana

David decidió expresarle su dolor a Dios a primera hora del día.

 

¿Por qué? Porque al despertar, nuestra alma muchas veces está turbada y angustiada por el afán de la vida y lo único que trae verdadera paz —esa que sobrepasa todo entendimiento— es haber estado en la presencia de Dios antes de empezar el día.

 

Hacerlo fortalece nuestra fe y nos da paz para tomar decisiones correctas en cualquier circunstancia.

Tú eres su hijo; Él anhela escuchar tu voz. Sé tú la ofrenda.

2

Cada mañana llevo a ti mis peticiones

La constancia y la perseverancia en la oración son esenciales. Hazlo cada mañana.

 

Lucha por tu proceso, por tu familia. Cada mañana expresa a Dios lo que sientes, piensas y deseas: ¡todo! 

¿Crees que David veía a Dios cuando oraba? Por supuesto que no, y nosotros tampoco lo vemos, pero Su presencia se siente.

 

Esa paz que nos llega después de acercarnos a Él cada mañana no se puede explicar; solo se puede experimentar.

3

Y quedo a la espera

Al pasar tiempo con Dios cada mañana, David conocía al Dios de Israel: conocía Sus nombres, Sus leyes, Su poder y Sus atributos.

 

Todo esto, ligado a su experiencia personal con Dios, lo llevó a declarar que quedaba a la espera de Su justicia. David no sabía cómo ni cuándo Dios actuaría, pero confiaba en que Su justicia llegaría. 

¡Te animo a que lo conozcas y esperes en Él su justicia!

Conclusión

Reconozcamos el señorío de Cristo en nuestra vida. Dejemos el «yo» a un lado; esa es la ofrenda que Dios quiere cada mañana. Él nos quiere a ti y a mí.

 

Comencemos a orar cada mañana, perseveremos y seamos constantes; solo así esperaremos en Él y experimentaremos Su poder en nuestra vida. 

Que nuestra voz y nuestro corazón sean la primera ofrenda cada mañana.

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ORACIÓN

Padre, perdóname por no ser yo esa primera ofrenda del día. Hoy decido buscarte cada mañana, reconociendo que Tú quieres todo de mí. No quiero seguir en mis fuerzas; gracias por hablar a mi corazón hoy. En el nombre de Jesús te lo pido,

Amén.

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